La terapia psicológica a domicilio

Hasta hace no muchos años, cuando se hablaba de acudir al psicólogo, lo cierto es que era casi como confesar que se había cometido un pecado. Lo bueno es que, con el paso de estos años, la época del COVID y la labor televisiva de series como, por ejemplo, “Los Soprano”, ahora el hecho de pedir ayuda mental es algo tan habitual como visitar al médico de cabecera.

Eso sí, también es verdad que todo el mundo no se puede o quiere mover. Hay padres que tienen niños que son pequeños, otras personas padecen de ansiedad y no salen de su domicilio; hay personas jubiladas que tienen diferentes patologías o gente en pueblos pequeños que carece de transporte.

Un cambio de visión

Justo aquí, como nos confirman los expertos de Canvis en terapia psicológica, los servicios que se dan a domicilio están ayudando a que cambie la forma en la que se percibe este tipo de ayuda en nuestro país, algo que debe ser más común de lo que es. Hablamos de una sociedad acelerada, individualista y cargada de un estrés que no se ve, siendo una modalidad de atención a la persona que no es un capricho; hablamos de una necesidad urgente.

¿Por qué ahora? Estamos ante una sociedad que demanda auxilio

En este país se suele decir, especialmente por la gente de fuera, que hacemos la siesta y gozamos de buena vida, aunque lo cierto es que también se trabajan más horas de las debidas, se sufre el burnout crónico y también existen muchos casos de soledad en los domicilios que aumentan cada año.

Hay datos en este sentido que provienen de una fuente tan contrastada como la del Ministerio de Sanidad que dicen que uno de cada cuatro españoles va a padecer un problema de salud mental durante su vida, y aquí, la depresión, debemos saber que llega a ser la segunda de las causas más habituales de incapacidad a nivel laboral.

Todo el tema de la pandemia que se vivió acabó por generar una serie de secuelas importantes, como ansiedad generalizada, miedos sociales y un crecimiento en cuanto a las consultas de personas que sufrían de estrés postraumático. A todo ello debemos sumarle la inflación, que lo que ha hecho es apretar el bolsillo, así como un teletrabajo que lo pone complicado a la hora de poner límites entre la oficina y el hogar, además de unas redes sociales que venden unas vidas que al final pocos pueden vivir.

Vivimos un panorama en el que la terapia tradicional, que no deja de ser esa clásica hora a la semana en un despacho, muchas veces no acaba de funcionar.

Aquí conozco casos claros que precisan otras soluciones: Una vecina mía que no puede dejar a uno de sus hijos con autismo todas las semanas porque la consulta le pilla lejos de su domicilio, o mi tío Jorge, que tiene andador y no puede pegarse demasiados viajes en metro. Estas son personas para las que la terapia a domicilio es un puente interesante, porque el profesional viene al sofá, a la cocina, a tu propio mundo, que es el lugar en el que suceden la mayor parte de tus problemas.

No hablamos del mero confort. La terapia en los entornos habituales del paciente puede ayudar a reducir las depresiones, ya que se eliminan las barreras a nivel logístico y emocional. Se ve al terapeuta en su propio hogar, no en un frío consultorio estéril que hace que uno se sienta como si estuviese en el hospital. Esto hace que se genere una gran confianza en el paciente, lo que siempre es positivo.

¿Cuáles son los perfiles que más lo necesitan?

Los primeros son los de mayor vulnerabilidad, justo las personas que sufren de movilidad reducida, que también son los mayores olvidados del sistema público. En nuestro país es cierto que la Seguridad Social o el SERMAS ofertan servicio de psicólogos, pero también es verdad que muchas veces los centros de salud están saturados y carecen de opción domiciliaria, salvo en los casos más complejos.

No hay que olvidarse de temas tan importantes como las fobias o la ansiedad en grados severos. Si sufres de agorafobia, el hecho de cruzar una puerta se puede decir que es una batalla complicada de lidiar.

Los terapeutas a domicilio comienzan de manera suave, puesto que se hace una sesión primera en la calle, otra en su portal, de tal forma que se progresa juntos. Esta es una forma de irse exponiendo de manera gradual en vivo, que tiene más efectividad que la de hablar con el profesional mediante Zoom.

En el caso de los pueblos, los estigmas todavía pesan, lo cierto es que recibir al psicólogo en casa es algo discreto, y muchas veces se oculta, aunque cada vez se van normalizando más las cosas.

No debemos olvidarnos de los profesionales que están quemados en sus respectivos trabajos, como los sanitarios, profesores o ejecutivos. Aquí, el terapeuta va a la hora de comer, está en su salón y, durante una hora, lo que hace es desatascar nudos emocionales sin perder su productividad.

¿Cuáles son las ventajas en la práctica?

Vamos a hablar de la realidad: lo cierto es que una sesión a domicilio suele costar entre 60 y 120 euros, por lo general, parecido al costo de una presencial, pero además te ahorrarás tanto taxi como estrés y tiempo. Pensemos que hay ciudades como Barcelona o Madrid, donde el tráfico suele ser algo complicado. En las empresas, hay programas de terapia domiciliaria que funcionan realmente bien, hasta el punto de que reducen las bajas por estrés un 25%.

Una personalización brutal

Lo que sucede aquí es que el psicólogo evalúa el entorno, puesto que debe ver si el dormitorio realmente es ese caos que impide que puedas dormir, o si el ruido de la calle agrava la ansiedad, o si el desorden de la cocina refleja tu vida emocional.

Desde ese punto se diseñan intervenciones a la medida. En el caso de los adolescentes que padecen depresión, una sesión en su cuarto jugando a videojuegos puede usarse como una herramienta de terapia, no como un sermón.

Otro tema interesante es el de la privacidad absoluta. En los bloques de pisos, nadie va a cotillear sobre las visitas que harás al psicólogo. En el caso de directivos, famosos o gente que sea discreta, es ideal.

Las barreras existentes, ¿cómo se pueden saltar?

Un problema importante que existe es el del acceso a la terapia psicológica. Los sistemas públicos lo que hacen es cubrir las terapias psicológicas en los centros, aunque las listas de espera suelen ser de varios meses. Solo cuando hay situaciones como derivaciones excepcionales, caso de riesgo de suicidio o psicosis, se acude al domicilio del paciente.

Existe también un estigma del que hablábamos antes y que podemos decir que todavía está presente, aunque sea residualmente. En áreas rurales, incluso se les puede ver como locos. Aquí es importante la educación y también la formación, teniendo presente que no todos los psicólogos pueden hacer este trabajo a domicilio, ya que son necesarias habilidades extras. De igual modo, es importante que haya más regulaciones en estos temas que piden paso. Esto se puede ver en Cataluña, pero se echa en falta que haya un marco en todo el país cada vez que se homologa todo.

¿Hacia dónde va el sector?

Se dice que en 2030 la terapia a domicilio va a ser tan habitual como hacerse un masaje a domicilio. La IA auxiliar estará muy presente, la realidad virtual para algunas de las reuniones y habrá seguros que la cubrirán en su totalidad. En países como Japón ya es algo habitual y no tardará en serlo también en España. La inversión que deben hacer los países en este sentido es necesaria, puesto que se hace evidente que es necesario que existan unidades móviles de salud mental. Algo aconsejable es que las compañías lo ofrezcan ya como beneficios laborales y que nosotros lo demandemos, sin temor alguno.

La importancia de llamar la atención sobre la necesidad de este servicio

En la sociedad en la que vivimos parece que estamos sometidos a muchos riesgos, puesto que se viven altos ritmos de trabajo, de soledad digital, de crisis climáticas y todo ello hace mella. Esto hace que la terapia psicológica a domicilio no tenga que ser un lujo propio de las élites; debe ser un servicio disponible para todo el mundo. Hay que entender que el abuelo del pueblo, la madre que está sobrepasada o esa persona paralizada por la ansiedad deben contar con ayuda de verdadera calidad en su terreno. No deben las personas esperar a tocar fondo.

Para ello, lo mejor es buscar a profesionales que estén colegiados, preguntar por la posibilidad de establecer visitas domiciliarias y darse permiso para poder sanar en el lugar donde uno viva. Recordemos que la salud mental es necesaria y debemos luchar por contar con profesionales de este tipo.

Sin duda alguna, vivimos tiempos de cambio y así es como hay que tomarlo, puesto que es un beneficio para la persona y mejorará su calidad de vida en este sentido.

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