La salud dental es básica en la infancia.

Salud dental en la infancia

Algunos odontólogos señalan que la salud dental en los niños comienza antes de que hayan nacido, cuando están en el vientre de la madre. Luego, lo que sucede en sus primeros años de vida, incluidos los primeros 12 meses, antes de que emerjan los primeros dientes, pasa a ser decisivo.

La salud dental en los pequeños es decisiva por varias razones. La primera de ellas es porque algunos problemas que se atisban en la boca de los niños van a condicionar la formación de la dentadura definitiva. La falta de espacio en las encías puede provocar problemas de maloclusión. Que los dientes salgan apiñados o que emerjan con una trayectoria incorrecta. Enfermedades en los dientes de leche, como la caries, pueden afectar al reemplazo dental.

Por otro lado, la infancia es una época idónea para crear hábitos y normalizar acciones. Las personas que siguen una higiene dental con regularidad cuando son pequeños, se lavan los dientes dos veces al día, tienen menos problemas para seguir esta rutina cuando son adultos. Lo han integrado en su vida diaria. Para ellos es algo tan elemental como lavarse la cara al levantarse y desayunar.

Cuando son pequeños, es un buen momento para acostumbrarlos a acudir al dentista. Para asentar la visita a la clínica dental como algo natural, fuera de dramatismos. Un detalle que va a mejorar notablemente la salud dental durante toda su vida.

La salud dental en los niños tiene un carácter preventivo. No es reparador, en lo fundamental. El odontopediatra, el dentista que atiende al niño, vela por el buen estado de salud de la boca, adelantándose a posibles problemas y orientando al niño y a sus padres en el cuidado de la dentadura. Es un enfoque, el de la medicina preventiva, que llevan buscando asentar muchos profesionales sanitarios desde hace tiempo y que se ha conseguido instaurar en la salud dental para niños.

Un niño con la dentadura sana es un niño feliz.

La odontóloga Dra. Adriana García Cubero, especialista en ortodoncia y odontopediatría en la Clínica Dental Cubero, una clínica dental ubicada en Cuatro Caminos (Madrid), con un enfoque centrado en el cuidado integral de la salud bucodental durante todas las etapas de la vida, ha editado el libro “Diente sano, niño feliz”. Una guía bastante completa, escrita con un tono cercano y con un eminente carácter práctico, en el que se formulan tesis interesantes.

Una de ellas es la de que la salud dental de la madre durante el periodo de gestación influye en la salud y en la formación del niño. Por tanto, lo que haga la madre en esta etapa, cómo se cuide, va a influir en la salud general del recién nacido, y en la formación de su dentadura, en particular.

Otra idea rompedora que introduce este libro es que la salud dental del niño comienza en su nacimiento. Antes de que le hayan salido los primeros dientes. La lactancia materna, la nutrición, el proceso que siguen los padres para introducir los alimentos sólidos en la alimentación del bebé, son factores que inciden en la formación de la primera dentadura.

El acompañamiento y seguimiento del odontopediatra en todo este proceso de formación de la dentadura y en la sucesión de cambios que experimenta el niño en esta parte de su cuerpo es clave para que tenga una boca sana. El objetivo es adelantarse a los problemas. Como dice la Dra. García Cubero, “llegar a tiempo, lo cambia todo”.

La salud dental en el embarazo.

Está comprobado que el estado de la salud dental de la madre va a influir en el desarrollo del feto y del embrión.

Existe el mito popular de que en todo embarazo, la mujer puede perder un diente. La explicación no científica es que durante el proceso de gestación, la madre transfiere parte del calcio de su cuerpo al embrión para que se vayan formando los huesos. Esto hace, presuntamente, que los dientes de la madre se descalcifiquen, Pero, como explica el blog Dentaid esto no es así. Lo que sucede es que durante la gestación la madre experimenta una serie de cambios hormonales que bajan las defensas de sus encías y la predisponen a sufrir enfermedades periodontales.

Las enfermedades de las encías son uno de los problemas bucodentales más frecuentes durante el embarazo. Entre ellas destacan la gingivitis y la periodontitis, dos afecciones relacionadas con la acumulación de placa bacteriana. La gingivitis provoca inflamación, enrojecimiento y sangrado de las encías. Si no se trata a tiempo, puede evolucionar hacia una periodontitis, una infección más profunda que afecta a los tejidos de soporte del diente y que, en los casos más avanzados, puede provocar movilidad dental y pérdida de dientes.

Las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables a estas enfermedades debido a los cambios hormonales que experimenta su organismo. El aumento de estrógenos y progesterona favorece una mayor respuesta inflamatoria de las encías frente a las bacterias, haciendo que pequeños problemas bucales se agraven con facilidad. Se calcula que alrededor del 25% de las mujeres españolas en edad fértil presenta gingivitis, una cifra que aumenta durante la gestación. Según datos de Dentaid, entre el 60% y el 75% de las embarazadas desarrolla algún tipo de enfermedad gingival entre el tercer y el octavo mes de embarazo.

Uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas es la posible relación entre la periodontitis y el parto prematuro. Diversos estudios sugieren que las bacterias presentes en las encías pueden pasar al torrente sanguíneo y llegar hasta la placenta. Esta situación podría desencadenar una respuesta inflamatoria capaz de adelantar el nacimiento del bebé. Aunque los partos prematuros representan aproximadamente el 8% de los nacimientos en España y no siempre están relacionados con problemas periodontales, mantener una buena salud bucal durante el embarazo constituye una importante medida de prevención tanto para la madre como para el futuro hijo.

Por otro lado, la revista Cuida tus encías, editada por la SEPA (Sociedad Española de Periodoncia) indica que la alimentación de la madre durante el embarazo influye en la formación de los dientes de leche del bebé, que le empezarán a salir meses después de que haya nacido. En este sentido, la madre debe asegurarse de ingerir en su alimentación calcio, fósforo, vitamina D y vitamina A, nutrientes que son imprescindibles para la formación de la primera dentadura.

Las revisiones periódicas son nuestro mejor aliado.

Los odontólogos recomiendan realizar controles preventivos desde edades muy tempranas para vigilar el correcto desarrollo de la boca y detectar posibles alteraciones antes de que se conviertan en complicaciones mayores.

La primera revisión dental importante debería realizarse antes de que el niño cumpla un año o poco después de la aparición de los primeros dientes de leche. Esta visita tiene un carácter fundamentalmente preventivo. El odontopediatra examina el estado de las encías, la erupción de las primeras piezas dentales y la forma en que se está desarrollando la cavidad oral. También permite identificar hábitos que pueden afectar al crecimiento de los maxilares, como el uso prolongado del chupete, la costumbre de chuparse el pulgar, o determinadas dificultades en la alimentación. Además, es una excelente oportunidad para que los padres reciban orientación sobre higiene dental, prevención de caries tempranas y cuidados durante esta etapa.

Otra revisión especialmente relevante tiene lugar alrededor de los tres años. A esa edad, la dentadura de leche suele estar completa, con los veinte dientes ya presentes. Este control permite comprobar que los dientes han salido correctamente, que existe una adecuada alineación dental y que el crecimiento de los maxilares se desarrolla con normalidad. También es un momento clave para detectar caries infantiles, una de las enfermedades más frecuentes en la infancia. Tratar estos problemas de forma temprana evita molestias al niño y reduce el riesgo de que afecten al desarrollo de la dentadura definitiva.

A partir de los 5 o 6 años, cuando el niño está inmerso en pleno proceso de reemplazo dental, la revista Top Doctors aconseja llevar al niño a revisiones periódicas en la clínica dental cada 6 meses. Estas revisiones permiten supervisar la erupción de los nuevos dientes, controlar la aparición de caries y detectar precozmente posibles alteraciones de mordida o de alineación.

Las visitas regulares al dentista también cumplen una función educativa. Los profesionales pueden orientar a las familias sobre alimentación, hábitos de higiene y medidas preventivas para fortalecer el esmalte dental. Familiarizar al niño con el entorno de la consulta desde pequeño contribuye a que afronte estas revisiones con naturalidad y mantenga esta costumbre durante toda la vida.

Las enfermedades dentales más habituales en la infancia.

La salud bucodental infantil requiere atención constante, ya que muchos problemas pueden desarrollarse de forma silenciosa durante los primeros años de vida. Entre las enfermedades más frecuentes destacan las caries, las maloclusiones dentales y las enfermedades de las encías, todas ellas capaces de afectar tanto a la dentadura temporal como a la definitiva.

La caries es una de las enfermedades más comunes en la infancia. Según el Colegio de Dentistas de España, afecta a 1 de cada 3 niños menores de 6 años y a 3 de cada 10 menores de 12. Aunque suele relacionarse con el consumo de dulces y bebidas azucaradas, también influyen otros factores, como la menor resistencia del esmalte dental en los dientes de leche. Además, las caries evolucionan lentamente y pueden pasar desapercibidas durante meses hasta que alcanzan las zonas más sensibles del diente y provocan dolor. Si no se tratan a tiempo, pueden extenderse a otras piezas dentales e incluso comprometer el desarrollo de los dientes permanentes.

Otro problema habitual es la maloclusión dental, es decir, la alteración en la forma en que encajan los dientes superiores e inferiores. Puede manifestarse como sobremordida, mordida cruzada, mordida abierta o desalineaciones dentales. Entre sus causas se encuentran la herencia genética, el uso prolongado del chupete, el hábito de chuparse el pulgar, la pérdida prematura de dientes de leche o determinados traumatismos. Detectarla de forma precoz facilita su corrección mediante tratamientos de ortodoncia. La doctora Nadia Sarmini Fernández señala en el periódico El Confidencial Digital que, por norma general, los aparatos correctores suelen colocarse a partir de los 11 o 12 años, cuando el recambio dental está prácticamente completado.

Las enfermedades de las encías también pueden aparecer en la infancia. La gingivitis, causada principalmente por la acumulación de placa bacteriana, provoca inflamación y sangrado de las encías. Si no se trata, puede evolucionar hacia una periodontitis, una enfermedad más grave que afecta al hueso que sostiene los dientes.

La higiene dental en la infancia.

En el cuidado de la dentadura durante la infancia, asentar hábitos diarios de higiene dental es una medida fundamental.

La SEPEAP (Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria) opina que habría que iniciar la limpieza diaria de dientes en los niños a partir del primer año, cuando les han salido los primeros dientes de leche. Ya que, según ellos, el patrón más agresivo de caries infantil aparece antes de los dos años.

En un primer momento, serán los padres los que realicen la limpieza dental del bebé, con un cepillo de cerdas extra-suave, empleando una pasta dentífrica que contenga 1000 ppm de flúor, en una cantidad equivalente a un grano de arroz.

A los 3 años, el niño debe haber empezado ya a lavarse los dientes por sí solo. Siempre con la supervisión de los padres, para evitar que se trague la pasta de dientes y que realice movimientos que eliminen la placa bacteriana y no que la remuevan por toda la boca. Movimientos suaves de arriba para abajo y que recorran toda la dentadura, no solo los dientes delanteros. A esta edad y hasta los 5 años se utilizará la misma pasta de dientes, pero en una cantidad equivalente a un guisante.

A partir de los 6 años hay que cambiar de pasta de dientes. Pasando de una proporción de 1000 ppm de flúor a 1400 ppm y, si es posible, que contenga arginina al 1,5% y zinc.

Los dientes deben limpiarse dos veces al día. Este gesto, además, fomenta la autonomía del niño, y estrecha los lazos del niño con sus padres.

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