La microbiota oral, esa gran desconocida.

Cuidando la microbiota

Nuestra boca es un ecosistema en el que conviven cientos de especies de bacterias diferentes. Todas no son dañinas. Mantener un correcto equilibrio en la microbiota oral es una estupenda prevención para evitar muchas enfermedades bucodentales.

Cuando pensamos en las bacterias de la boca, es inevitable remitirnos a la caries o las infecciones en dientes y encías. Hemos hablado hasta la saciedad sobre la placa bacteriana y sobre las bacterias patógenas, que es lógico que tengamos ese pensamiento. Sin embargo, como vamos a ver en este artículo, muchas de las bacterias que hay en nuestra boca nos ayudan en la deglución de los alimentos y cumplen una función inmunitaria.

El proceso digestivo comienza en la boca. La saliva contiene una gran cantidad de enzimas y bacterias que colaboran en la descomposición de los alimentos. Su labor es tan importante que adelantan una parte del trabajo que va a realizar el estómago.

Por otro lado, dentro de estas bacterias beneficiosas, hay una parte de ellas que cumplen una función antibiótica. Mantienen a raya a otras bacterias nocivas que entran en nuestro organismo a través de la boca.

Por esta razón, mantener un correcto equilibrio entre las bacterias malas y buenas, por referirnos a ellas de una manera sencilla, es básico para tener una buena salud bucodental.

Cuando nuestra microbiota oral está desequilibrada, cuando la proporción de bacterias beneficiosas es inferior a lo saludable, las bacterias dañinas se reproducen a una mayor velocidad, aumenta su colonia. Por lo que se crean condiciones más adecuadas para que aparezcan y se desarrollen enfermedades como la caries y las infecciones en las encías, la gingivitis y la periodontitis.

Cuidar la microbiota oral es una acción complementaria a otras tareas que realizamos para cuidar la salud de nuestra boca, como la higiene dental o la visita rutinaria al dentista. Digamos que es la cuarta pata de la mesa que logra que la salud bucodental no ande coja.

¿Qué es la microbiota oral?

La microbiota oral es el ecosistema formado por todas las bacterias y organismos unicelulares que habitan en nuestra boca. Los beneficiosos y los malignos. Miguel A. Ruiz, director técnico de Biotical Health, publica un artículo muy interesante en el blog de la página web de Probactis, un laboratorio español que fabrica y comercializa productos probióticos para las diferentes microbiotas que hay en nuestro cuerpo, y en el que afirma que la microbiota oral es la aliada oculta de la salud bucodental.

Miguel Ruiz señala que, en condiciones normales, una parte de las bacterias que hay en nuestra boca no solo no son perjudiciales, sino que forman una barrera natural que nos protege frente a la agresión de organismos dañinos. En concreto, en lo que se refiere a bacterias como Streptococcus mutans, asociada con la caries dental, y la Porphyromonas gingivalis, que provoca enfermedades en las encías. Las bacterias beneficiosas controlan su población. Manteniéndola en unos límites que sean tolerables por el organismo.

El artículo de Miguel A. Ruiz habla de la bacteria Streptococcus salivarius M18. Una bacteria que se encuentra en la saliva y que produce salivaricinas, una proteína que actúa como un antibiótico natural; genera ureasas, que neutralizan la acidez en la boca; y tiene un efecto inmune que reduce la inflamación de las encías.

Hasta la fecha, se han utilizado tratamientos bacteriológicos de amplio espectro. Que atacaban tanto a las bacterias buenas como a las malas. Se hace cuando tomamos amoxicilina, para curar una infección dental, y hasta cuando nos enjuagamos la boca con un colutorio. Hoy, la comunidad médica y científica se está percatando de que es importante proteger a las bacterias beneficiosas, para que las dañinas no aumenten su presencia.

Lo que pasa en la microbiota oral no se queda en la boca.

Otro artículo, esta vez publicado en Gut Microbiota for Health, un proyecto internacional sobre investigación y divulgación sobre el comportamiento y composición de las microbiotas del ser humano, resalta el hecho de que la microbiota oral tiene un efecto que va más allá de la salud de dientes y encías. Repercute en la salud general del individuo.

En la boca se encuentra la segunda colonia bacteriana más grande que hay en el cuerpo humano, después del intestino. En condiciones de buena salud, las bacterias patógenas tienen menos presencia en la boca que las bacterias beneficiosas y la microbiota en su conjunto controla su proliferación. Los microorganismos orales se relacionan entre sí de diferentes maneras y mantienen un continuo equilibrio dinámico que beneficia a la salud en su conjunto.

Una microbiota oral equilibrada es fundamental para prevenir procesos inflamatorios tanto en la boca como en órganos distantes, como los pulmones y el intestino. La mayoría de estas bacterias habitan en el dorso de la lengua, donde hábitos alimentarios inadecuados o una deficiente higiene bucodental pueden desencadenar una disbiosis. Una alteración que rompe el equilibrio microbiótico y promueve la producción de toxinas que debilitan el sistema inmunitario.

Los microorganismos orales y sus toxinas pueden propagarse hacia el resto del cuerpo a través de dos vías: el eje boca-intestino, mediante la ingesta continua de saliva, y la corriente sanguínea, a través de bacterias que entran en la sangre como consecuencia de infecciones en la pulpa del diente o en enfermedades periodontales como la periodontitis.

Esta migración bacteriana vincula los patógenos dentales con el desarrollo y agravamiento de patologías degenerativas e inflamatorias, como enfermedades cardiovasculares, enfermedad inflamatoria intestinal, ateroesclerosis, artritis reumatoide, Alzheimer y cáncer de colon.

¿Cómo proteger la microbiota oral?

Cuando hablamos de proteger la microbiota oral, nos referimos a conservarla en un correcto equilibrio. Mantener una dieta equilibrada, seguir hábitos de limpieza bucodental diarios y tomar probióticos, cuando sea necesario, nos ayudan a preservarla.

Sabemos que los azúcares alimentan a las bacterias patógenas que provocan la caries y las enfermedades periodontales. Pero del mismo modo, el portal Infobae habla de otros alimentos que proporcionan nutrientes y que crean un entorno propicio para la conservación de las bacterias beneficiosas que viven en la boca.

Entre estos alimentos están las verduras de hoja verde, como la col rizada, las espinacas, las acelgas o la remolacha, que contienen nitratos que son aprovechados por bacterias benignas como la Neisseria. Los polifenoles son otros nutrientes presentes en multitud de verduras y en infusiones como el té que refuerzan el efecto inmunitario, antibiótico y antiinflamatorio de las bacterias presentes en la boca.

Del mismo modo, los quesos y las comidas fermentadas, como el chucrut o el kéfir, que sabemos que aportan directamente bacterias a la microbiota intestinal, también lo hacen con la microbiota oral.

Cuando el desequilibrio en nuestra microbiota oral es significativo, los médicos recomiendan el consumo de complementos y productos probióticos. La acción directa de estos fármacos facilita un equilibrio rápido del ecosistema bacteriano oral. Otros especialistas señalan, además, la importancia del consumo de estos complementos por su papel preventivo. Ya que mantiene el equilibrio natural de la microbiota antes de que se desestabilice.

La salud bucodental camina hacia la incorporación de tratamientos biológicos, que complementan otros tratamientos sanitarios y acciones de cuidado de la salud dental, reconociendo, cada vez más, el papel tan importante que cumple la microbiota en la salud de nuestra boca y de nuestro organismo, en general.

El mal aliento y la microbiota. 

La halitosis o mal aliento está directamente relacionada con un desequilibrio de la microbiota oral. En concreto, esta condición se produce por el efecto de la descomposición de restos de comida o de tejidos realizada por la acción de las bacterias patógenas. En la mayoría de los casos en los que se aprecia mal aliento, la proliferación de bacterias patógenas es cualitativamente superior al nivel que debería tener en la microbiota de una boca sana. La web de divulgación médica Top Doctors dice que la halitosis no es una enfermedad, sino un síntoma de otras enfermedades o alteraciones de salud.

Así, por ejemplo, sabemos que la periodontitis puede provocar mal aliento por el proceso de infección que realiza en las encías y en la raíz de los dientes. Una caries avanzada y extendida también puede provocar mal aliento. En aquellas halitosis provocadas por una enfermedad dental, es necesario curar la enfermedad para que desaparezca el mal aliento.

El hábito de fumar también produce halitosis. El humo del tabaco crea un ambiente tóxico en la boca que favorece la proliferación de bacterias nocivas, alterando el equilibrio de la microbiota oral. Al mismo tiempo, el tabaco reduce la secreción de saliva, que es el medio en el que se mueven muchas bacterias que forman parte de la microbiota.

Beber alcohol altera la microbiota oral y produce mal aliento. El alcohol tiene una alta cantidad de azúcar que alimenta las bacterias patógenas y puede provocar reflujos y vómitos que contaminan la boca con ácidos y alimentos en descomposición que provienen del estómago.

Por otro lado, medicamentos como los ansiolíticos, antidepresivos, antihistamínicos, antihipertensivos y algunos diuréticos provocan mal aliento en tanto en cuanto reducen la producción de saliva. El blog de los laboratorios Dentaid, fabricante de productos para la higiene dental, señala que existen más de 400 medicamentos que provocan halitosis.

Prácticas de riesgo.     

Hay determinados hábitos y acciones que realizamos en nuestro día a día que contribuyen de manera negativa al desequilibrio de la microbiota oral. Algunos de ellos los hemos mencionado.

Entre estas prácticas de riesgo se encuentra el consumo excesivo de azúcares, bebidas carbonatadas, snacks e hidratos de carbono. La gran cantidad de azúcar que tienen estos alimentos da energía a las bacterias patógenas, favoreciendo que su presencia en la boca sea mayor de la recomendada.

Ya hemos dicho que fumar y beber alcohol altera la microbiota oral. Entre otras cosas, porque modifica el ambiente natural propicio para que se mantenga el equilibrio microbiótico. El consumo habitual de café tampoco es beneficioso en este sentido. Aunque bebamos café sin azúcar, como hacen algunos cafeteros, el café tiene una gran cantidad de ácido que neutraliza a las bacterias beneficiosas.

El Instituto Maxilofacial indica que el estrés altera la microbiota oral y lo hace por varias razones. La primera de estas es que el estrés prolongado eleva los niveles de cortisol, una hormona del cuerpo que, en concreto, en la boca, va a debilitar la inmunidad local y va a alterar la composición de la microbiota. Al mismo tiempo, en condiciones de estrés, las glándulas salivares segregan menos saliva, lo cual perjudica a muchas de las bacterias benignas. De manera indirecta, este instituto resalta el hecho de que cuando estamos bajo los efectos del estrés, tendemos a desatender nuestros hábitos de higiene bucodental y nuestra alimentación, lo cual tampoco beneficia a la microbiota oral.

Llevar una vida más tranquila y desprendernos de estos hábitos de los que hemos estado hablando ayudarán sin duda a preservar la microbiota de la boca.

Cada vez sabemos más.

Cada vez hablamos más de la microbiota y cada vez lo investiga más la comunidad científica. Tanto es así que, como subraya la web del Instituto Internacional de Microbiotas, no solo tenemos microbiota en el intestino y en la boca; también hay ecosistemas de microorganismos en el estómago, en la piel, en la vagina, en los oídos, en el aparato urinario y pequeños sistemas microbióticos en los pulmones.

Todo un universo por descubrir, del que cada día sabemos más y del que nos estamos dando cuenta del papel tan importante que tienen estos seres vivos independientes en las actividades cotidianas que realiza nuestro organismo, algunas de ellas vitales. Y, por supuesto, en la prevención de enfermedades.

En el tema que hoy nos ocupa, el de la microbiota oral, estamos viendo cómo la prevención de enfermedades habituales, como la caries o la gingivitis, no se limita a seguir una correcta higiene dental y a la supervisión clínica por parte del dentista. La alteración del sistema biológico de nuestra boca incide en la aparición y desarrollo de estas enfermedades.

Todo un conocimiento que aún está por desarrollar, y que está contribuyendo a que tengamos cada vez una mayor comprensión de cómo funciona nuestro organismo y, por tanto, a que dispongamos de más herramientas para cuidar nuestra salud.

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