Durante mucho tiempo hemos relacionado los aparatos dentales casi exclusivamente con niños y adolescentes. Era habitual pensar que la ortodoncia pertenecía a una determinada etapa de la vida y que, si llegábamos a los treinta, cuarenta o cincuenta años con los dientes desalineados, poco sentido tenía comenzar entonces un tratamiento. Sin embargo, esa percepción ha cambiado considerablemente. Cada vez resulta más normal encontrarnos con adultos que llevan brackets o alineadores transparentes y que han decidido corregir la posición de sus dientes después de muchos años conviviendo con determinadas alteraciones.
Las razones pueden ser muy diferentes. Algunas personas siempre quisieron mejorar su sonrisa, pero cuando eran jóvenes no pudieron realizar un tratamiento. Otras empiezan a planteárselo cuando observan que determinados dientes se han desplazado, presentan apiñamiento o descubren algún problema relacionado con su mordida. También encontramos personas que simplemente comienzan a prestar más atención a su salud bucodental y deciden consultar si aquella posición de los dientes que durante años consideraron normal podría corregirse. Por tanto, reducir la ortodoncia adulta únicamente a querer tener unos dientes más bonitos sería simplificar demasiado el tema.
La ortodoncia no es solamente una cuestión estética
Cuando hablamos de ortodoncia, probablemente lo primero que imaginamos es una sonrisa con los dientes perfectamente alineados. La estética tiene evidentemente un peso importante y no existe ningún problema en reconocerlo. Sentirnos cómodos con nuestra sonrisa puede influir en nuestra seguridad personal y muchas personas comienzan un tratamiento precisamente porque llevan años queriendo cambiar la posición de determinados dientes. Sin embargo, la finalidad de la ortodoncia va más allá de conseguir una fotografía bonita al terminar el proceso.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios explica que la ortodoncia se ocupa de prevenir, diagnosticar y tratar las malposiciones dentarias y determinados trastornos maxilofaciales, buscando una buena función y salud de los dientes, además de mejorar la estética facial. Entre los objetivos de los aparatos de ortodoncia encontramos enderezar los dientes, corregir determinados problemas de mordida, cerrar espacios y conseguir una alineación adecuada. Esto ayuda a entender por qué, antes de hablar del aspecto final de la sonrisa, debemos estudiar cómo funciona realmente la boca.
Una mordida incorrecta o unos dientes muy apiñados pueden generar necesidades que no tienen nada que ver con querer conseguir una sonrisa perfecta. En algunos casos, una posición determinada puede dificultar la higiene o provocar que ciertas zonas resulten más complicadas de cepillar correctamente. En otros puede ser necesario corregir la relación entre los dientes superiores e inferiores. Cada situación es diferente y precisamente por eso el diagnóstico previo resulta tan importante.
Nunca es demasiado tarde simplemente por haber cumplido años
Una de las dudas más habituales cuando alguien se plantea comenzar un tratamiento en la edad adulta es pensar que ya ha esperado demasiado. Si no nos pusimos aparato durante la adolescencia, podemos llegar a asumir que perdimos nuestra oportunidad. Sin embargo, la ortodoncia también se realiza en adultos y la edad por sí sola no permite decidir si una persona puede o no comenzar un tratamiento. Lo importante será estudiar el estado de los dientes, las encías, el hueso y el resto de estructuras implicadas.
Evidentemente, tratar a un adulto no siempre es exactamente igual que tratar a un niño. En una persona adulta podemos encontrarnos con empastes, coronas, implantes, ausencia de determinadas piezas o problemas periodontales que deberán tenerse en cuenta antes de planificar los movimientos. También pueden existir tratamientos odontológicos realizados muchos años atrás. Todo ello forma parte de la historia de esa boca y deberá valorarse para establecer qué podemos hacer y en qué orden.
Antes de mover un diente hay que estudiar la boca
La ortodoncia no debería comenzar simplemente eligiendo qué aparato nos parece más bonito o discreto. Antes necesitamos conocer qué ocurre en nuestra boca. El profesional puede realizar una exploración clínica y utilizar diferentes pruebas y registros para estudiar la posición de los dientes, la mordida y las estructuras que los rodean. Con esa información puede establecerse un diagnóstico y posteriormente valorar las alternativas de tratamiento.
También debemos comprobar el estado general de la salud bucodental. Si existen problemas que requieren atención previa, puede ser necesario tratarlos antes de comenzar determinados movimientos. No tendría demasiado sentido preocuparnos por alinear los dientes mientras ignoramos otras necesidades importantes de nuestra boca. La ortodoncia forma parte de un conjunto y no debería contemplarse como un procedimiento completamente aislado del resto de la odontología.
Cada adulto puede necesitar un planteamiento diferente
No existe una única ortodoncia que sea automáticamente la mejor para cualquier adulto. En este sentido, Dentalfit aclara que la ortodoncia debe plantearse teniendo en cuenta las características y necesidades de cada paciente, valorando la posición de los dientes y el problema que se quiere corregir antes de determinar el tratamiento. Actualmente, pueden utilizarse diferentes sistemas, desde brackets hasta alineadores transparentes, pero la elección no debería depender exclusivamente de cuál nos resulta más atractivo, sino de aquello que permita abordar correctamente cada situación.
Además, debemos pensar en nuestra rutina. Un adulto puede tener reuniones, trabajar de cara al público, viajar con frecuencia o disponer de horarios complicados. Estos factores no determinan por sí solos qué tratamiento necesitamos, pero sí pueden formar parte de la conversación con el profesional. Cuanta más información tengamos sobre cómo funciona cada alternativa, más fácil será comprender qué implicará llevarla durante los meses que dure el tratamiento.
También debemos asumir que nuestra colaboración tendrá importancia. Acudir a las revisiones, mantener una higiene adecuada y seguir las indicaciones recibidas forman parte del proceso. En sistemas removibles, además, el cumplimiento de los tiempos de uso indicados adquiere especial relevancia. Podemos disponer de herramientas cada vez más cómodas y discretas, pero ninguna elimina nuestra responsabilidad como pacientes.
Los alineadores transparentes han cambiado nuestra percepción de la ortodoncia
Probablemente, una de las razones por las que actualmente hablamos mucho más de ortodoncia adulta sea la popularización de los alineadores transparentes. Se trata de aparatos removibles fabricados para ir realizando determinados movimientos dentales de manera progresiva, siguiendo una planificación. Su apariencia discreta resulta especialmente atractiva para personas que no quieren llevar brackets visibles durante su vida cotidiana.
Una de sus características es que pueden retirarse para comer y realizar la higiene oral. Esto puede resultar cómodo, aunque también implica responsabilidad. Que podamos quitarlos no significa que podamos decidir libremente cuándo utilizarlos. Para que el tratamiento avance según lo planificado, debemos respetar las indicaciones de uso establecidas por el profesional. Si dejamos de llevarlos durante demasiado tiempo, el desarrollo del tratamiento puede verse afectado.
Los brackets siguen siendo una alternativa completamente actual
La aparición de los alineadores no significa que los brackets hayan quedado anticuados. Continúan utilizándose en ortodoncia y existen diferentes tipos. Los tradicionales brackets metálicos son probablemente los que todos reconocemos inmediatamente, pero también podemos encontrar otras alternativas dependiendo del tratamiento y de las características de cada paciente.
Los brackets funcionan mediante elementos que permiten aplicar fuerzas controladas para ir desplazando progresivamente los dientes hacia las posiciones planificadas. Durante el proceso se realizan revisiones para comprobar la evolución y realizar los ajustes correspondientes. Como sucede con cualquier sistema de ortodoncia, no podemos establecer de manera general cuánto durará el tratamiento sin conocer el caso concreto.
Para algunos adultos la estética del aparato puede tener bastante importancia y para otros resultar completamente secundaria. Hay personas que prefieren un sistema fijo porque no quieren estar pendientes de ponerse y quitarse alineadores y otras que valoran especialmente que el tratamiento resulte discreto. Lo importante es que estas preferencias se comenten después de conocer qué alternativas son clínicamente apropiadas.
La retención forma parte del tratamiento aunque ya no llevemos aparato
Uno de los momentos más esperados es aquel en el que finalmente retiramos los brackets o dejamos de utilizar la secuencia de alineadores que ha realizado los movimientos previstos. Podemos pensar que el tratamiento ha terminado completamente, pero queda una etapa fundamental. Después de mover los dientes, necesitamos intentar mantenerlos en las posiciones alcanzadas mediante los sistemas de retención indicados.
Los retenedores pueden ser de diferentes tipos dependiendo del caso. Existen opciones fijas y removibles, y será el profesional quien determine qué sistema utilizar y durante cuánto tiempo. Lo importante es comprender que esta fase no es un añadido opcional que podamos ignorar simplemente porque nuestra sonrisa ya tiene el aspecto que buscábamos.
Si después de invertir meses en corregir la posición dental dejamos de seguir las indicaciones de retención, existe la posibilidad de que se produzcan movimientos. Por eso debemos pensar en la ortodoncia como un proceso que no termina exactamente el día en que desaparecen los brackets. Mantener el resultado también requiere cuidados.
No deberíamos elegir un tratamiento únicamente por una fotografía
Las redes sociales han cambiado nuestra manera de descubrir tratamientos estéticos y sanitarios. Podemos ver transformaciones sorprendentes, fotografías del antes y el después y vídeos donde una ortodoncia de varios meses parece resumirse en unos segundos. El problema aparece cuando utilizamos esas imágenes como si fueran suficientes para decidir qué necesitamos nosotros.
Una fotografía puede enseñarnos cómo ha cambiado la sonrisa de otra persona, pero no nos muestra toda su situación clínica. No sabemos cómo era su mordida, qué pruebas se realizaron, cuánto duró exactamente el tratamiento, qué dificultades aparecieron ni si nuestro caso se parece realmente al suyo. Utilizar aquella experiencia como referencia general puede ser interesante, pero no como diagnóstico.
La duración depende de muchos factores
¿Cuánto tiempo tendré que llevar ortodoncia? Probablemente sea una de las primeras preguntas que cualquiera haría antes de comenzar. Es comprensible porque necesitamos saber cómo afectará el tratamiento a nuestra vida. Sin embargo, no existe una duración universal que pueda aplicarse a todos los adultos.
Un caso que necesita realizar movimientos relativamente sencillos puede evolucionar de manera diferente a otro donde existe un problema de mordida más complejo. También influyen la respuesta individual y el cumplimiento de las indicaciones. Si utilizamos un aparato removible menos horas de las establecidas, por ejemplo, no podemos esperar necesariamente que el tratamiento avance como estaba previsto.
Corregir nuestra sonrisa puede ser una decisión de salud y también personal
No tenemos por qué elegir entre decir que queremos ortodoncia por salud o por estética. Ambas motivaciones pueden convivir perfectamente. Podemos necesitar mejorar determinadas funciones y, al mismo tiempo, sentir ilusión por ver nuestros dientes más alineados. La estética también forma parte de cómo percibimos nuestra propia imagen.
Lo importante es mantener expectativas realistas. La ortodoncia busca corregir determinadas posiciones y problemas de mordida, pero cada boca tiene unas características propias. El objetivo no debería ser copiar exactamente la sonrisa de otra persona, sino conseguir el mejor resultado posible teniendo en cuenta nuestras necesidades.
La mejor ortodoncia no es necesariamente la más discreta
La publicidad ha conseguido que muchas veces relacionemos automáticamente ortodoncia moderna con aparatos invisibles. Sin embargo, moderno no significa simplemente que algo no se vea. Los brackets siguen utilizándose y los alineadores tienen indicaciones que deben valorarse. La mejor alternativa será aquella que responda adecuadamente a nuestras necesidades y pueda utilizarse de forma segura bajo seguimiento profesional.
También tenemos que considerar nuestra capacidad para cumplir el tratamiento. Un alineador removible puede parecernos comodísimo, pero requiere disciplina para utilizarlo según las indicaciones. Un aparato fijo evita que tengamos que recordar colocarlo, aunque implica otras necesidades de higiene. Cada alternativa tiene particularidades que debemos conocer.
Cada vez resulta más normal corregir nuestra sonrisa siendo adultos
La ortodoncia ha dejado de pertenecer exclusivamente a los pasillos de los institutos. Actualmente podemos encontrar personas de edades muy diferentes realizando tratamientos y la existencia de distintas alternativas ha contribuido a normalizar esta realidad. Aun así, lo más importante no es que un aparato sea más o menos visible, sino que exista un diagnóstico adecuado y una planificación individual.
Si llevamos años pensando en corregir nuestra sonrisa, ser adultos no debería hacernos descartar automáticamente la posibilidad. Lo que debemos hacer es valorar nuestra situación actual. Nuestra boca puede haber cambiado desde la adolescencia y quizá existan aspectos que necesiten atención antes de iniciar cualquier movimiento. Precisamente por eso la exploración inicial resulta tan importante.
Corregir los dientes no consiste simplemente en colocarlos rectos para que aparezcan mejor en las fotografías. La ortodoncia puede abordar problemas de posición y mordida, mejorar la función y, por supuesto, modificar la estética de nuestra sonrisa. Cada adulto tendrá sus propios motivos para planteársela y también unas necesidades diferentes. Lo verdaderamente importante es comprender que nunca deberíamos elegir un tratamiento por moda, sino después de conocer qué ocurre en nuestra boca y qué posibilidades tenemos para mejorarla.

