La visita al dentista siempre ha causado cierto temor y recelo. El miedo al dolor supera con creces el valor del resultado, por lo que las consultas se asocian al miedo por parte de los pacientes. Algo que, afortunadamente, está cambiando. Son muchos los tratamientos que se realizan en las clínicas dentales y el desconocimiento sobre los procesos es lo que mayor temor infunde a los pacientes temerosos. Evitar la consulta es algo que se ha hecho desde tiempos remotos y de ahí que los problemas se agraven y, cuando se acude al dentista, haya que recurrir a los tratamientos más invasivos.
Para evitar el miedo, lo mejor es conocer bien a lo que nos enfrentamos. Por lo que vamos a profundizar en uno de los tratamientos más invasivos y temidos por muchos pacientes: los implantes dentales. A nadie le resulta apetecible que te saquen piezas dentales y, mucho menos, que luego te inserten un tornillo en la encía. No obstante, se trata de un procedimiento que, con los avances, resulta menos molesto de lo que era en sus principios. Conocer en profundidad los pasos que se dan para realizar un tratamiento de implantología es el primer paso para perder el miedo.
La cirugía de implante dental consiste en hacer el reemplazo de las raíces de los dientes por pernos metálicos semejantes a tornillos y sustituir el diente afectado o inexistente por uno artificial que tenga el mismo aspecto y proporcione la misma función. No todos los pacientes son aptos para realizar esta intervención; hay que valorar el estado de la mandíbula y la salud general del paciente. Siendo una opción a contemplar cuando falten una o más piezas dentales, se ha completado el crecimiento de la mandíbula, los tejidos orales están sanos, los huesos son aptos para recibir el implante o injerto óseo, no se padecen enfermedades que puedan interferir en la cicatrización, no es opción la dentadura postiza o se quiere mejorar el habla.
Un tratamiento planificado
Será el dentista quien valore el tipo de implante apropiado en cada caso, así como el procedimiento a seguir. La mayoría de los implantes se componen de titanio o zirconio, materiales biocompatibles con los que se une el hueso, como nos han explicado en El Bosque Clínica Dental, en la que la profesionalidad, el mimo y el cuidado de su trabajo garantizan un excelente tratamiento para sus pacientes.
Antes de pasar por una cirugía de implantología dental, hay que evaluar la salud del paciente por parte de un equipo médico multidisciplinar compuesto por dentistas, periodoncistas, protésicos, otorrinolaringólogos y cirujanos maxilofaciales. Las pruebas previas incluyen un examen dental integral, radiografías e imágenes en 3D, modelaje de dientes, etc. Una valoración de la historia clínica del paciente y la elección del tipo de anestesia adecuado.
Se trata de una cirugía ambulatoria que se realiza en varias etapas:
- Si no se ha perdido el diente, el dentista tiene que liberar el hueco para el implante haciendo una extracción de la pieza dañada.
- Si la mandíbula no es lo suficientemente gruesa o resulta blanda, hay que crear una base sólida con la que se pueda garantizar el éxito del implante mediante un injerto óseo. Este injerto puede ser natural con tejido propio o sintético. En función de la magnitud del injerto, la cirugía puede posponerse hasta que se haya generado el nuevo hueso.
- Colocación del implante dental atornillado a la mandíbula. Previamente, se hace una incisión en las encías para dejar visible el hueso maxilar. A continuación, se realizan unos agujeros en el hueso en los que se encajará el perno metálico a una profundidad adecuada. En este paso se puede colocar ya el pilar o hacerlo más adelante.
- Esperar a que la herida cure y crezca el hueso en torno al implante, proceso conocido como osteointegración, que puede durar varios meses hasta que se crea una base sólida. Durante este periodo de tiempo se puede cubrir el hueco con una prótesis temporal y el paciente realizará controles de forma regular.
- Si no se ha hecho, se coloca sobre el implante el pilar en el que se asentará el diente artificial. Este paso puede requerir una cirugía ambulatoria menor con anestesia local, puesto que hay que abrir de nuevo la encía y exponer el implante para fijar el pilar. Se cierra la incisión sin cubrir el pilar.
- Para finalizar, se coloca sobre el pilar el diente artificial o la corona que se ha modelado para la boca del paciente.
Un proceso complejo que se lleva a cabo sin mayor problema, salvo casos concretos. La anestesia y la profesionalidad de los odontólogos hacen que los pacientes no pasen dolor y tanto la cirugía como los pasos que la acompañan se realicen con total normalidad, provocando las molestias mínimas a los pacientes.
Cuidados y posibles riesgos
Si se siguen las recomendaciones del dentista, el proceso seguirá un curso favorable y el paciente podrá disfrutar de su nueva dentadura antes de darse cuenta. Por lo que es conveniente seguir una serie de cuidados. Para que los resultados de la cirugía sean sólidos, el hueso tiene que cicatrizar con fuerza alrededor del implante, lo que puede llevar bastante tiempo, según el caso. La osteointegración es el proceso mediante el cual el tejido óseo y el implante se fusionan y puede demorarse de tres a cuatro meses si no se produce rechazo. Una vez completado, el paciente recupera totalmente su funcionalidad y la estética de la dentadura, con un alivio adicional, ya que desaparecen las molestias que genera la falta de un diente o su mal estado.
Aparte de utilizar las técnicas y los materiales adecuados para el tratamiento, existe una serie de cuidados y hábitos por parte del paciente con los que se contribuye a que la cirugía y el tratamiento tengan el éxito pretendido. Se trata de evitar el consumo de alimentos hasta que desaparezca el efecto de la anestesia, que puede durar hasta seis horas. Presionar con una gasa seca en la herida si se produce sangrado. Aplicar frío o tomar medicamentos específicos para que la inflamación se reduzca. Dormir con la cabeza más elevada que el cuerpo. No realizar esfuerzos físicos durante la semana posterior a la cirugía. Llevar a cabo una buena higiene bucodental y tener un buen estado de salud, sobre todo bucodental.
También es importante tomar medidas si se padece bruxismo, visitar al dentista con frecuencia y evitar hábitos nocivos como el tabaquismo. En el caso de los diabéticos, es indispensable controlar la glucemia para que el implante tenga éxito, ya que la osteointegración en estos casos se produce con mayor lentitud.
Aspectos que nos llevan directamente a los posibles riesgos que puede suponer la realización de un tratamiento de implante dental. Siempre que el implante sea de alta calidad y su colocación se lleve a cabo por los profesionales adecuados y con los medios más avanzados, el riesgo de fracaso apenas alcanza el dos por ciento.
Existen algunos síntomas que pueden indicar que algo no ha salido de forma correcta, como la formación de un tejido blanquecino entre el hueso y el implante, sentir movilidad en la prótesis o molestias al presionar el implante, que se produzca dolor de forma espontánea en los días posteriores o que la inflamación se acompañe de una coloración anormal.
Aunque se trata de una cirugía habitual y relativamente sencilla, con buenos resultados estéticos y funcionales, no está de más conocer los posibles riesgos que pueden presentarse durante la cirugía o el postoperatorio:
- Daños en otros dientes o en los vasos sanguíneos aledaños.
- Afectación de los nervios, provocando dolor y hormigueo en la zona.
- Infecciones bacterianas en el lugar en el que se ha realizado el implante (periimplantitis y mucositis preimplantaria) que se asocian a una mala higiene dental.
- Rotura del implante, sobre todo en los pacientes que padecen bruxismo.
- Problemas sinusales en algunos casos de implantes que se colocan en la mandíbula superior.
- Pérdida de hueso alrededor del implante.
Si la osteointegración no se produce como es debido, el implante se tiene que retirar, limpiar el hueso y dejar pasar al menos tres meses antes de que se pueda volver a intentar.
No obstante, lo más habitual es que no se produzcan complicaciones. En el caso de que se produzca alguna, el dentista llevará a cabo las rutinas diagnósticas y preventivas necesarias para garantizar la salud del paciente.
En definitiva, los implantes dentales son procedimientos que se utilizan para corregir una o más piezas dentales cuando están dañadas o no existen. Es uno de los tratamientos odontológicos con más acogida por parte de la población, ya que sus buenos resultados en términos de salud bucodental y estética son excelentes en la mayoría de los casos. Consta de varias fases muy concretas, como hemos podido comprobar, y cada una de ellas requiere de un tiempo determinado para realizarse. Gracias a este tratamiento y conociéndolo como es debido, no debe causar ningún temor, y en unos pocos meses, el paciente que se someta a él verá mejorada su calidad de vida y podrá disfrutar de una nueva sonrisa.

